El comercio electrónico se impone en la distribución

El eDelivery apuesta por la internacionalización

El salón dedicado a la logística del comercio electrónico crece un 20% en su segunda edición

Organizado por el CZFBEl eDelivery apuesta por la internacionalización

, Barcelona Rueda de prensa de presentación del salón eDeliveryRueda de prensa de presentación del salón eDelivery (Jose Polo)

Nació el año pasado y, en su segunda edición, el salón dedicado a la logística del comercio electrónico, el eDelivery Barcelona, crece y apuesta por la internacionalización. Según ha explicado la entidad que lo organiza este jueves en rueda de prensa, el Consorci de la Zona Franca de Barcelona (CZFB), entre el 5 y el 7 de junio participarán “un 20% más de empresas” respecto a su estreno para llegar a más de 50 en total.

“Hemos dado un paso importante en la internacionalización de las ponencias”, ha explicado la directora general de la feria, Blanca Sorigué. “Todas las sesiones tendrán, como mínimo, un ponente internacional”, ha agregado Sorigué. Los líderes del sector, como DHL, Correos, Privalia, o Decathlon, por ejemplo, estarán presentes.

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Las paranoias humanas… entre otras las tecnológicas

La música pop ya lo advirtió: ojo con ser engullidos por la paranoia tecnológica

Como si se tratase del reflejo sonoro de series como ‘Black Mirror’, músicos como Arcade Fire, U.S. Girls, St. Vincent, Tracey Thorn, Kendrick Lamar o Tune-Yards alertan de la creciente demencia en que Internet y las redes sociales nos tienen sumidos

Carlos Pérez de Ziriza 

“He visto tu página, qué bonita tu nueva vida, un montón de likes y una encantadora nueva esposa… ¿cotilleas mis fotos solo para saber que estoy bien? Aunque sea con desinterés o remordimiento… me hubiera encantado que te desvanecieras sin dejar rastro, pero ahora tengo tu cara por todas partes… “ Lo canta Tracey Thorn en Face, el gran baladón de su último álbum (Record, 2018), oda al invasivo  —y a veces devastador— postureo de las redes sociales, cuyo título es trasunto directo de Facebook, la red de redes: el gran patio de vecinos —no siempre bien avenidos— en el que casi todos andamos inmersos desde hace ya más de una década. El de la mitad femenina de Everything But The Girl es tan sólo uno más de los muchos reflejos que la ansiedad hacia la sociedad de la sobreinformación, la cibertecnología y las redes sociales tienen ahora mismo en la música pop.

https://youtu.be/5ELQ6u_5YYM

El vivir permanentemente enganchados a dispositivos móviles, ligados cada vez con más ahínco a una brecha en nuestra privacidad que las redes pueden convertir en tragos más que amargos, a veces con tintes de pesadilla (que le pregunten a Mikel Izal, quien estos días ha vivido una experiencia propia de Hated In The Nation, el último capítulo de la tercera temporada de Black Mirror), está logrando que los relatos distópicos acerca de un futuro inminente de tinte apocalíptico se multipliquen como setas, concitando el interés de un público que se engancha a esas historias con el adictivo desasosiego de quien sabe que le están hablando de una situación palpable, con visos de realidad. Más cercana de lo que parecía hace solo unos años. Series como Altered Carbon o The Handmaid’s Tale o películas como Nerve se hacen eco de esa espeluznante sombra. Y era cuestión de tiempo que el pop y rock también encontraran su hueco para expresar ese mal rollo, tan inherente a los tiempos que vivimos.

 

Es curioso que, mientras la propia Black Mirror se nutría de clásicos de la música popular (Irma Thomas, The Smiths, Ricky Nelson) y de piezas instrumentales que músicos como Sigur Rós, Clint Mansell (Nine Inch Nails) o Geoff Barrow (Portishead) iban haciendo por encargo, se iba alimentando paralelamente una saga de discos y canciones que lidian con esa sombría realidad. Al paso que vamos, las distopías futuras van a tener  —de sobra—  quien les cante. Darían para más de una banda sonora. Son álbumes y canciones que toman el relevo  —desde un enfoque más actual, claro— a Video Killed The Radio Star (Buggles), Paranoid Android (Radiohead) o Everyday Robots (Damon Albarn), por solo mencionar tres profecías distantes entre sí en el tiempo.

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El fín de los bancos …tal como los conocemos

Tres modelos digitales que desafían a la banca tradicional

EVO Banco, N26 y Revolut ganan miles de clientes como entidades de móvil y de tarjeta

Íñigo de Barrón  Madrid

Una persona maneja un móvil con aplicaciones financieras en diciembre de 2017.

Una persona maneja un móvil con aplicaciones financieras en diciembre de 2017.

Jaap Arriens Getty Images

“Los bancos están tratando de ser geniales y modernos, y construir interfaces digitales supergeniales… Pero es como ponerle carmín a un cerdo; en última instancia, sigue siendo un cerdo”, afirmó Mark Mullen, director ejecutivo de AtomBank, un banco digital británico en el que el BBVA controla el 39% del capital. Estas palabras abren el último informe del Massachusetts Institute of Technology (MIT) sobre banca digital, que arranca con una provocadora cuestión: “¿Hemos llegado al final de los bancos de la manera en que los conocemos?”.

Tres modelos digitales que desafían a la banca tradicional

Lo cierto es que la transformación digital obsesiona a los banqueros. “Mantenerse igual no es una opción”, dice un veterano directivo. La mayor parte de la banca tradicional se siente como si remara a contracorriente porque ha entrado con pesadas estructuras (muchas oficinas y plantilla) y mentalidad clásica en una guerra donde prima lo liviano y la capacidad de adaptación a lo nuevo. Tiene que atender los dos mundos a la vez, el tradicional y el móvil, y eso supone más inversión sin rentabilidad a corto plazo.

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La IA no es una película

Claves para que Barcelona destaque en Inteligencia Artificial

No sólo tiene que ser una ciudad emprendedora sino también convertirse en un hub de investigaciónClaves para que Barcelona destaque en Inteligencia ArtificialLa inteligencia artificial, clave para el futuro de la economía

Esther Lanaspa, Montreal

El ecosistema de Barcelona es reconocido y atrae inversión. Sin embargo, para destacar en el desarrollo de esta tecnología e invertir en el futuro, Barcelona necesita no sólo ser una ciudad emprendedora, sino también convertirse en un hub de investigación.

En 2017 el ecosistema de start-ups digitales de Barcelona se consolidó como uno de los más potentes de Europa

En 2017 el ecosistema de start–ups digitales de Barcelona se consolidó como uno de los más potentes de Europa: la ciudad es el quinto hub tecnológico europeo por volumen y atrae talento y emprendedores gracias a su dinamismo, infraestructura y calidad de vida. Respecto a la inteligencia artificial (IA), en la Declaración de Barcelona del año pasado, expertos y emprendedores europeos reclamaron prudencia y sugirieron que la futura Agencia Europea para la Robótica y la IA ejerciera un rol ético en la materia.

Los recientes sucesos en los que se ha visto implicada Facebook justifican esta reserva. Sin embargo, también han evidenciado los beneficios y la importancia que la IA tiene para el futuro de la economía y la necesidad de invertir en formación y en una red de laboratorios a nivel europeo.

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Prioridades de la «Nueva» Economía

Digitalización y desempleo, el nuevo orden

No estamos ante una suerte de Tercera Revolución Industrial. Las máquinas ‘inteligentes’ han hecho desaparecer modelos de negocio. Habrá que administrar racional y democráticamente el trabajo, un bien escaso

por  Gregorio Martín Quetglas

Digitalización y desempleo, el nuevo ordenUn nuevo orden económico con serias consecuencias para el empleo se ha instalado entre nosotros sin que las autoridades europeas, por descontado tampoco las españolas, ni las patronales ni los sindicatos parezcan haberlo comprendido. Incluso en Estados Unidos, cuna y eje del desarrollo digital, están disparadas las alarmas. Las sinergias que se derivan del desarrollo de las ingenierías del software, robótica, telecomunicaciones y microelectrónica, han creado memorias más rápidas y baratas, mayor movilidad y ubicuidad de la información, máquinas inteligentesque combinadas con otras ramas del conocimiento como la medicina o la climatología, por ejemplo, han generado todo un universo nuevo: el de la digitalización. Un universo que, como ocurriera en su día con la electricidad, embebe los hábitos humanos y condiciona la cantidad y la calidad del empleo. Más que la sustitución del hombre por la máquina, es la aparición de nuevos productos y costumbres los que asolan muchos empleos.

Las implicaciones y preocupaciones de este nuevo orden han dejado de ser preocupaciones exclusivas de los tecnólogos. Los economistas finalmente les prestan atención (Foreing Affairs, julio-agosto; The Economist, 4 de octubre) y ya aceptan que el optimista principio de la “destrucción creativa de empleos” no se cumple esta vez. La pérdida de empleos provocada por la digitalización no encuentra contrapartida con la creación de otros que equilibrarían la balanza. Ni siquiera las start up, tan pregonadas como fuentes de empleo, funcionan

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La Banca… ¿sin futuro?

 

Pago electrónico, el clic que abre a la banca en canal

Aunque lo cierto es que el empeño de autoridades, bancos e intermediarios es reducir a cero la circulación de efectivo, el pago en moneda contante y sonante es una costumbre muy arraigada. En 2017 los cajeros automáticos entregaron efectivo por valor de 122.743 millones de euros, un 3% más que el anterior. La operación media de extracción, según el Banco de España, ascendió a 131 euros, que son seis euros más que en 2015, el último año en el que los españoles utilizaron más el efectivo que la tarjeta para pagar. Desde entonces, la brecha entre el abono efectivo y el electrónico se ha ensanchado hasta los 13.000 millones de euros actuales.

Qué hacer ante la ‘tecnupidez’

TRIBUNA

Mario Bunge presenta en este texto el libro que repasa la concepción de la tecnología a lo largo de la historia y se relación con la cultura, la ciencia y la política

El que usted esté leyendo estas líneas indica que el tema le interesa y que lo que ha leído hasta ahora sobre él no le alcanza. Esto no es de extrañar, porque los primeros estudios serios sobre la tecnología aparecieron recién en el siglo pasado, y ninguno de ellos basta. Por ejemplo, el título de la principal revista sobre el tema, Technology and Culture, fundada en 1959, sugiere que la tecnología interactúa con la cultura, cuando de hecho es uno de los dos motores de la cultura contemporánea (usted ya sabe cuál es el segundo).

Incluso Karl Marx, pionero de la historia de la tecnología, dudaba entre ubicar la tecnología en la infraestructura material o en la superestructura ideal: la admiraba por ser un insumo de la industria, no por su rico contenido intelectual y artístico. Tampoco su admirado Hegel, ni siquiera Kant, se interesaron por la tecnología, quizá porque evocaba el trabajo manual propio del esclavo. Solamente la franja radical de la Ilustración francesa exaltó la tecnología hasta el punto de asignarle un lugar privilegiado en la Encyclopédie dirigida por Diderot e inicialmente también por d’Alembert, a la que Holbach dio su impronta progresista sobre todos los temas de religión y política.

 

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Los mayores, esos eternos problemas… ¿una oportunidad? 30% en Barcelona

El cuidado de los mayores en España: personas más que robots

Hay que aprovechar la oportunidad para desarrollar un mercado donde la digitalización no tiene lugar

 

La dura «última milla» en el comercio

La dura conquista de la ‘última milla’
Getty Images
 

La dura conquista de la ‘última milla’

En la compra en una tienda online es la batalla de la ultima milla la que está determinando en los últimos tiempos el prestigio, la imagen y la confianza del consumidor hacia las marcas.

En el proceso de compra de un producto a través de su tienda online, plataforma e-commerce o desde un marketplace, la batalla de la ultima milla está determinando en los últimos tiempos el prestigio, la imagen y la confianza del consumidor hacia las marcas. La última milla es el eslabón final del proceso de entrega de mercancía al cliente final, y el efecto Amazon ha cambiado las reglas de este juego, obligando a los retailers a adaptar sus procesos de logística en tiempo récord para acortar los tiempos en la recepción de la compra en la casa de los consumidores.

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Esto no es Economía Colaborativa

Estatua de Sócrates.
Estatua de Sócrates. Getty Images

Andoni Alonso: “Me parece escandaloso que hablemos de economía colaborativa.

Por Jorge G. García

Este filósofo, crítico con la tecnología, aborda las consecuencias sociales de la transformación digital y apela a los valores humanos para mejorar todos los avances técnicos

La vida filosófica de Andoni Alonso (Vitoria, 1966) comenzó con su admiración por Ludwig Wittgenstein y ha derivado en sus pensamientos críticos hacia la tecnología. Como explica, criticarla no implica nada negativo, sino comprender cómo funciona, cómo se relaciona con el entorno laboral y económico. “He visto que, durante los últimos 20 años, han irrumpido elementos que no habíamos previsto y no me gustan. Son absolutamente negros”, comenta durante la entrevista. Pese a gozar del título de filósofo, prefiere huir de este término tan serio. Para él, sería mejor hablar de pensadores que buscan las raíces de los problemas.

¿El ser humano puede asimilar la velocidad a la que se producen los cambios tecnológicos?

El ritmo al que funcionamos es trepidante. No creo que haya capacidad humana para asimilar las innovaciones. Es imposible tener una idea global. Siempre estamos en lo último. ¿Cuántas veces hemos escuchado la expresión ‘última generación’ para todo? Pero, en realidad, no existe. Es un aparente cambio constante sin finalidad. No sacamos ningún rendimiento ni comprensión. Todo es provisional. Siempre nos hallamos en el parche que arregla lo anterior, como si fuera un parche constante.

Me parece escandaloso que hablemos de economía colaborativa. Es un poco como de juerga. Por colaborativa imaginamos que los ciudadanos pagan impuestos y el primer cebo de compañías como Uber o Cabify es justo lo contrario, no pagarlos. La tecnología es solo una forma de llevar a cabo este programa económico, que ya existía previamente. Si Rockefeller hubiera visto estas nuevas plataformas, habría encontrado su sueño húmedo.

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