Del mismo modo que los médicos deben comprometerse y seguir el juramento hipocrático en el desempeño de su trabajo, aquellos emprendedores, investigadores, informáticos y demás profesionales que desarrollan neurotecnología e inteligencia artificial deberán seguir el juramento tecnocrático. Al menos eso es lo que propone la fundación Neurorights, una iniciativa de la Universidad de Columbia promovida por el neurobiólogo español Rafael Yuste para proteger los derechos humanos y promover la innovación ética en los campos de la neurotecnología y la IA. Yuste ya fue el promotor del proyecto Brain, impulsado por la administración Obama, para descifrar el cerebro humano.










El término disrupción ha adquirido un protagonismo sustantivo para describir muchas de las transformaciones que el mundo está experimentando. La crisis económica de 2008, el auge de los populismos, la polarización, el desarrollo exponencial de las redes sociales, el uso masivo de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial o la revolución del 5G han supuesto un panorama mundial de disrupción. Hasta que llegó la COVID-19 y, de un día para otro, disrumpió con todo lo anterior. 

“La era de la Ilustración”, dice 

