La deseconomía de las grandes ciudades: la cara oculta de Madrid y Barcelona
Las grandes regiones urbanas atraen cada vez más población y actividad, pero también son polos de desigualdad, criminalidad y problemas derivados de la ‘paradoja urbana’
La ciudad de Madrid suele tener altos niveles de contaminación. (iStock)
Jordi Papell, víctima extrema e inaudita de la gentrificación turística, a bordo de un Bus Turístic. / CITY FOR SALE
Fue en el año 2001 cuando José Luis Guerín cautivó al público con su documental En construcción, que llegó a calificarse en su momento como la versión urbana y arravalera (sí, con uve) de Nanuk, el esquimal. La cámara sencillamente acompañaba a varios vecinos paradigmáticos del Chino barcelonés, con la piqueta que trasformaba el barrio como decorado de fondo. De la gentrificación por aquí apenas se hablaba entonces. Los protagonistas de aquella joya cinematográfica asistían impotentes a la mutación de aquel espacio del centro de la ciudad, pero el motor del proceso de cambio era el urbanismo municipal, no el turismo. Eso vino después. Es por eso que un documental de Laura Álvarez, aún inédito porque está pendiente de su ruta de festivales y estreno, podría haberse titulado oportunamente En destrucción, ser así una crónica mimética de aquella de Guerín del 2001, corregida y aumentada, pero la directora ha decidido, y no está nada mal, bautizar su trabajo tras la cámara como City for sale. Le hace justicia a lo que cuenta. Durante dos años ha seguido los sinsabores de varios vecinos de Ciutat Vella acorralados por el (parafraseando a Eisenhower) complejo turístico inmobiliario de Barcelona. En el caso de Jordi Papell, uno de los protagonistas, lo de acorralado es totalmente real y literal, como se verá más tarde.
Otoño no sólo trae paisajes ocres, lluvias y los primeros fríos. La estación conlleva trastornos emocionales para muchas personas. Una sensación de dulce tristeza difusa que la ciencia atribuye a disfunciones en los neurotransmisores. Unos episodios que pueden adquirir mayor intensidad en estos tiempos convulsos, especialmente para personas moderadas que siguen la actualidad. En esos casos, los accesos de nostalgia resultan inevitables. Me ha sucedido estos días al coincidir dos noticias con Barcelona de protagonista: el Premio Planeta y la candidatura de Barcelona a los Juegos Olímpicos de Invierno 2030. Continuar leyendo «Barcelona Melancólica… tristeza vaga, permanente y profunda»
Colau sí prohíbe a los comerciantes legales la promoción callejera
Tiendas de ropa se ven obligadas a inaugurar sus tiendas de forma clandestina ante la prohibición “discrecional” del Ayuntamiento. “Los manteros, en cambio, no tienen problemas”, denuncian
Hubo un tiempo en que la apertura de una nueva tienda de ropa iba acompañada de una inauguración consistente en un pequeño desfile en la calle y un reparto de folletos. Pero desde que llegó Ada Colau a la alcaldía de Barcelona, ese tipo de promociones suelen ser prohibidas. Lo hace de forma “discrecional”, como demuestra un documento al que ha tenido acceso Crónica Global. “Inauguramos la tienda de forma casi clandestina. Nos sentíamos terroristas. Pero a pocos metros, tenemos a los manteros vendiendo género sin problema”, explican los propietarios de un establecimiento que, hace unos meses, abrió sus puertas en Rambla de Cataluña. No esconden su malestar por las trabas que el Ayuntamiento pone a los comerciantes. Y, sobre todo, al agravio comparativo con el “top manta”. Continuar leyendo «A Colau la seducen los Manteros pero no el Comercio… Mami, ¿Que será lo que tiene…?»
Varias personas hacen cola en servicios sociales de Nou Barris.Joan Sànchez
El gobierno de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha echado el freno en la concesión de nuevas ayudas sociales. Los directores de los centros de servicios sociales han recibido la instrucción de no conceder nuevas prestaciones “o hacer las mínimas”, según alertan los sindicatos CC OO, UGT y CGT, que han pedido explicaciones “urgentes” a los responsables del área. El Instituto Municipal de Servicios Sociales (IMSS) recuerda que Barcelona es la ciudad española en la que más ha aumentado el gasto social en los últimos años. El organismo alerta, sin embargo, de que “los recursos no son infinitos”. Continuar leyendo «Colau «de amagadillo» frena la concesión de ayudas sociales en Barcelona»
Que Barcelona, y muy especialmente el distrito de Ciutat Vella, tienen un problema creciente de inseguridad ciudadana no es sólo una cuestión de percepciones subjetivas. Nuevos datos estadísticos oficiales a los que ha tenido acceso La Vanguardia, que complementan los publicados el pasado sábado a partir de datos del Ministerio del Interior –correspondientes a los seis primeros meses de este año–, corroboran la escalada delictiva que se está produciendo en la capital catalana. Los registros de los meses de julio a agosto no dejan lugar a dudas: el problema es muy serio. En julio y agosto pasados, los hechos delictivos conocidos en la ciudad se incrementaron en un 13,6% y un 21,1%, respectivamente, en relación con los mismos meses del 2017, mientras que en Ciutat Vella lo hicieron en un 15,4% y un 24,8%. Resultan especialmente preocupantes algunos indicadores del distrito primero, como el de los robos con violencia y/o intimidación, que crecieron un 58,8% en julio y un 53,9% en agosto, y los robos con fuerza, que se dispararon un 19% (julio) y un 45,3% (agosto) respecto al mismo periodo del año pasado.
Hace sólo cinco días publicamos en esta página un editorial titulado “Barcelona tiene un problema de seguridad”. En él nos hacíamos eco de unos preocupantes datos procedentes de la Secretaría de Estado de Seguridad, que depende del Ministerio del Interior. Entre ellos, que en Barcelona se cometían cada hora unos veinte delitos. Que, en el primer semestre del año, el porcentaje de delitos había crecido un 20,5% con relación al mismo período del año anterior. Y que este incremento no se enmarcaba en una oleada de ámbito nacional, puesto que en la misma etapa el porcentaje de delitos había crecido sólo un 1% en Madrid y un 0,2% en València, mientras en Sevilla caía un 8,1%.
Estos datos deberían provocar una reacción inmediata de las autoridades barcelonesas y catalanas. En primer lugar para mejorar la seguridad de sus ciudadanos y de sus visitantes. En segundo, para proteger el prestigio de Barcelona, que recientemente ha perdido posiciones en distintos indicadores internacionales.
Nada de eso ha sucedido. Y mientras los ciudadanos siguen a la espera de mejoras de corrección efectivas, vamos recibiendo nuevos datos, que no son tranquilizadores, sino todo lo contrario. La Vanguardia ha tenido acceso a nuevos datos –que ni el Ayuntamiento de Barcelona ni la Generalitat han creído oportuno divulgar motu proprio–, que hoy publicamos en la sección de Vivir. Se trata de datos referidos a lo acontecido en julio y agosto de este año. Entre ellos destacan los siguientes: los hechos delictivos en Barcelona se incrementaron un 13,6% en julio y un 21,1% en agosto, en comparación con el mismo periodo del 2017. En Ciutat Vella, el distrito más afectado por el auge delictivo, los porcentajes subieron al 15,4% y el 24,8%, respectivamente. Y si nos referimos a los robos con violencia o intimidación, la subida fue muy superior: 58,8% y 53,9%.
La conclusión obvia de esta retahíla de datos es que el índice delictivo no deja de crecer en Barcelona, y que lo hace además a una velocidad inquietante, sin que los sistemas de seguridad operativos logren impedirlo. Ni las fuerzas de la Guardia Urbana ni las de los Mossos d’Esquadra están garantizando niveles aceptables de seguridad de los ciudadanos. Hemos oído hasta la fecha diversos argumentos que tratan de explicar tal deficiencia. Desde los de tipo ideológico, que estarían amparados por la alcaldía y no ayudarían a la Guardia Urbana a emplearse con mayor decisión y efectividad, hasta los relativos a la insuficiencia de las plantillas, denunciada el lunes por centenares de mossos que se manifestaron ante la Conselleria de Interior. Por no hablar de un ordenamiento judicial que, a menudo, no contribuye a consolidar la labor policial.
La validez de estos argumentos es relativa. Los ciudadanos tienen todo el derecho a exigir que se ponga coto a estos índices delictivos desbocados. Que en un mes, en determinadas partes de Barcelona, se incremente el número de delitos con violencia o intimidación más de un 50% debería disparar todas las alarmas y, a continuación, abonar el despliegue de medidas extraordinarias. Los ciudadanos tienen además derecho a exigir a las autoridades la máxima transparencia. Aumentos del número de delitos como los aquí referidos son intolerables. Y lo es igualmente que estos datos, ahora revelados por La Vanguardia, hayan sido reservados por las instituciones entre cuyas obligaciones está precisamente la de evitar que se produzcan.
Muchas familias son tanto o más antiguas que las ciudades -léase callejeros- en las que moran. La suerte compartida entre ambas suele ser tan cambiante como caprichosa. De la misma manera que hay familias que deben su fortuna a negocios no siempre confesables adquiridas en las colonias de ultramar o de algún industrial local tan piadoso con implacable, no son pocas las poblaciones cuyo aspecto y carácter serían inexplicables sin el influjo de capitales de sus hijos predilectos, es decir, de los que volvieron a casa forrados o que se enriquecieron a base de convertir a sus paisanos en esclavos industriales. Continuar leyendo «La ciudades se pueden deprimir, hasta con un mandato… y los mismo en una comunidad autónoma»
Cada hora se cometen un promedio de veinte delitos en Barcelona. Es una gran ciudad y, como tal, arrastra su cuota de acciones reprobables y quebrantos de la ley. Pero las autoridades deben intentar en toda circunstancia controlar y reducir esa cuota. Y no es eso lo que ahora mismo está pasando en Barcelona. Según datos de la Secretaría de Estado de Seguridad, en el primer semestre del año el número de delitos ha crecido en Barcelona un 20,5%. Se trata de un porcentaje muy considerable en términos absolutos. Más todavía en términos relativos. En el mismo periodo el incremento fue en Madrid del 1% y en Valencia del 0,2%, mientras que en Sevilla la tasa cayó un 8,1%. La conclusión es obvia: Barcelona es una plaza en la que la delincuencia se mueve con mayor comodidad que en otros lugares, y por tanto va al alza. En otras palabras, Barcelona tiene un problema. Y no es menor. Continuar leyendo «Barcelona, tiene muchos problemas y también de INSEGURIDAD»