COVID-19 – Parte I

Reflexiones sobre la Pandemia- Parte I

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Autor: Julio Martínez Alcala – [18:34, 20/3/2020] .

Vaya por delante que ¡entre todos lo vamos a parar¡  Estamos padeciendo una de las mayores crisis en la Historia de la Humanidad, se hacen referencias a otras crisis similares, pero esta es la que nos corresponde a nosotros, a nuestras generaciones. Es deseable que no volvamos a padecer otra, porque esta, la vamos a ganar todos juntos, con un comportamiento colectivo, en clave de unidad cooperativa.

No podemos sentarnos en la puerta a esperar que pase el cadáver de nuestro enemigo. Después de esta crisis que ha sido fundamentalmente sanitaria pero también económica y social, es urgente mantener esa tensión social, cooperativa para entre todos encontrar soluciones para todos, revisando todo lo que ha contribuido a este descalabro. Hemos tenido que paralizar la actividad económica mundial, estatal y local y modificar todas estas capacidades para concentrarnos en dar soluciones técnicas en recursos materiales y humanas y profesionales, además de numerosísimos voluntarios para que todos estos recursos alcanzasen un objetivo, aplanar el nivel de afectados con resultado de miles de fallecimientos. Tenemos que apuntar que los niveles de contaminación medio ambiental han disminuido a niveles más que deseables, lo cual nos señala un posible tipo de respuesta a esta crisis, en el sentido de dar una respuesta global y colectiva y de esta manera nos encontramos ante un posible camino para salir de esta crisis y de cualquiera. 

En tanto en cuanto al final de este histórico episodio de la Humanidad todos intentaremos explicarnos porqué ha pasado y, o quien ha sido el o los responsables de semejante desastre y como quiera que se pretenderá cuantificar económicamente el resultado, por tanto, prioritariamente la dimensión económica sobrevolará por encima de la social y económica, deberemos de implantar, allá donde podamos, otro modelo de cuantificación de los resultados. Me refiero a poner en valor otros conceptos sobre la economía, y para ello es necesario la recuperación de los valores y los principios de la Economía Social, como otra economía posible, la de las personas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) considera tres ámbitos del bienestar:

    • Calidad de vida: Se refiere a las relaciones sociales y familiares, al sentimiento de seguridad y otros aspectos subjetivos del bienestar.
    • Situación económica: Se refiere a la distribución de la riqueza, la situación laboral, las condiciones de la vivienda, la salud, la educación y la alimentación.
    • Sostenibilidad del bienestar: Se refiere al impacto que las actividades de producción, consumo y ocio tienen en el medio ambiente y en el ser humano.

Los indicadores de bienestar más significativos por los que se generan las referencias para justificar las estrategias políticas, económicas y sociales son:

    • PIB corregido: además del PIB general, incluye otros elementos como los medioambientales y los sociales.
    • IDH (Índice de Desarrollo Humano): compuesto por los parámetros de nivel de vida (renta per cápita), de educación (tasa de alfabetización) y de vida larga con buena salud (esperanza de vida).
    • Índice de Planeta Feliz: medido por la esperanza de vida, la percepción de felicidad subjetiva y la huella ecológica.

Si a alguien se le ocurre analizar la situación actual con cualquiera de estos índices, el resultado será un desastre, no obstante, deberíamos de conservar y adaptarlo a la nueva y desconocida situación socioeconómica desde la que intentaremos reconstruir esta sociedad, aquel que nos pueda indicar mejor cual puede ser el resultado de una nueva organización social. Es necesario un nuevo Contrato Social. Será un error si seguimos permitiendo que otros “nos midan” nuestros estados de salud, económicos, sociales, afectivos, de satisfacción, para modular nuestros deseos y nuestras necesidades y reconducir nuestro consumo para volver a programarnos, para seguir con la orientación y el control de lo que  necesitamos.

 Según Marco Besani, “Una de las estrategias más eficaces puestas en marcha por los grandes poderes durante las crisis y emergencias son las de activar los mecanismos de culpabilización social, cuyo objetivo es que las personas interioricen la narración dominante de lo que está sucediendo a fin de evitar cualquier rebelión frente al orden establecido”, “El objetivo fundamental será evitar que la frustración, producida por el empeoramiento de las condiciones de vida de amplios sectores de la población, se transforme en rabia contra un modelo que ha antepuesto los intereses de los lobbies económicos y de la banca frente a los derechos de las personas”.

Está claro que nos encontramos en un momento con un gran interrogante universal que contiene, a su vez, cantidad de dudas particulares que, siendo prácticamente todas iguales, a cada persona le afectan en dimensión diferente equivalente a sus capacidades, a su experiencia, a su práctica, a su propia serenidad. Pero también todos estamos esperando a que alguien, el Estado sin ir más allá, nos ayude a resolver nuestras dudas de futuro. Antes de que aparezcan en nuestra sociedad futuros salvadores de la Patria y antes de que se apodere la inseguridad y el miedo al futuro, debemos de identificar las causas que nos han colocado en este gravísimo riesgo de exclusión colectiva, para proponer lo antes posible las medidas que nos alejen de este incierto futuro.

La ciudadanía estamos señalando una vía sobre la que se tiene que deslizar cualquier solución. Esa vía se está construyendo con ese esfuerzo colectivo. Esfuerzo colectivo, de todos, que nos está permitiendo sobrellevar esta situación de confinamiento y por lo tanto hay que darle el valor y el espacio político que le corresponde. Espacio que se está construyendo con solidaridad, con el esfuerzo de los profesionales de la atención a las personas y a la sociedad, con la aportación del voluntariado, con la incorporación del conocimiento, de la creatividad, de la cultura, de los cuidados sociales, del respeto; donde el valor de cada uno se identifica, sumándose, con el valor del que tenemos al lado.

En este nuevo marco están surgiendo multitud de análisis, reflexiones y lecturas desde diversos enfoques, que contribuyen a realizar una radiografía colectiva del momento actual en el que nos encontramos. En estos momentos ha quedado

claro la interdependencia de la naturaleza. Esta identificación colectiva fijada en deseos, miedos, alegrías, serenidad, valor, la debemos de transcribir en un protocolo que recoja como lo hacemos, qué objetivos nos hemos marcado colectivamente, como hemos compartido tantos días de reclusión, como hemos confiado en que el otro también me estaba cuidando y como, todos, hemos apostado por las directrices que han manado desde el Gobierno. Todo ello debería de articularse a futuro en un nuevo Contrato Social, donde se priorice los objetivos del bienestar de las personas, de que cada uno, con el apoyo colectivo, puede realizar sus deseos como persona y, sobre todo, que los más vulnerables tengan su espacio y oportunidad social.

El objetivo de estas reflexiones es poder contribuir a trasladar y poner en valor este activo acumulado por la soberanía ciudadana para transformarlo, como inversión, en una empresa capital, transformadora, una empresa colectiva de las personas y para las personas. El mejor banco en donde invertir este capital debe ser un Banco Social, estructurado con los valores de la Economía Social. ¿Y qué mejor mirada que su carta de principios? Nos agarramos pues a la espina dorsal de nuestro modelo y movimiento desde donde mirar lo que acontece y saber así dónde y cómo poder actuar.

    • La Economía Social prima la finalidad social de la empresa por sobre del capital
    • Fomenta la participación de los trabajadores en la toma de decisiones, democratizando las relaciones laborales
    • La organización del trabajo facilita las relaciones de conciliación entre la vida laboral y la social
    • La no deslocalización promueve, desarrolla y fortalece lo local
    • La formación continua va unida indivisiblemente a la calidad
    • Los beneficios producidos se incorporan al capital y al servicio social de la empresa
    • Igualdad laboral de género
    • Colaboración prioritaria con el entramado social
    • Contribuye a la sostenibilidad medioambiental

La Economía Social es, por tanto, fuente de creación de empleo estable, de calidad y no deslocalizable y es una importante plataforma de acceso al empleo para aquellos que, por sus especiales circunstancias, devenidas o crónicas, encuentran mayores dificultades de inserción laboral y/o que se encuentran en riesgo de exclusión social. Cuando acabe este período que nos afecta, el fomento de empresas sociales, desde la Economía Social, podrá contribuir decididamente, y ser un elemento clave de cohesión social muy necesario tras la crisis de la pandemia que está atravesando nuestro país. Puede ser una propuesta promotora el que se reconozca a las empresas de economía social como entidades de Interés Económico General.

Enfrente de esta economía social, tenemos un modelo de economía basada en los intereses del Capital como la maximización de los beneficios económicos a la que el Covid19 ha puesto en cuarentena, (no hay mal que por bien no venga), y asumiendo de entrada el duelo que tendremos que superar por los miles de fallecimientos de miles de personas ocurridos, y la destrucción del tejido empresarial, siendo las PYMES y los autónomos los más perjudicados y con enormes dificultades para su recuperación, tiene que revisarse sin más dilación. Se ha demostrado que es insostenible en el nivel de desarrollo al que había llegado y al nivel tan enorme de desigualdad provocada.

No podemos permitir que en una sociedad donde se identificaba a unos colectivos por estar en riesgo social, pasemos a una sociedad donde esos colectivos sean irrecuperables, pierdan todos sus derechos y se tambaleen todos los principios y valores que nos habíamos otorgado en común acuerdo.

Hemos de suponer que el capitalismo se reinventará nuevamente, pero nosotros, después de la experiencia que vamos a extraer, debemos de proponer un desplazamiento de la economía hacia otros modelos más en consonancia con los principios y valores de la Economía Social. Modelo de economía cuyo objetivo fundamental es construir una sociedad en donde las personas sean y estén en el centro de todas las decisiones. Un objetivo que garantice la sostenibilidad de la vida de todos los “socios” de esta empresa en un proyecto equitativo, donde nadie se quede afuera y que nos permita construir un nuevo modelo social, cultural, económico y medioambiental.

Como consecuencia de la pandemia que asola a nuestro planeta, cuando la superemos, hemos de realizar un balance para analizar cuáles han sido las causas, los efectos y con qué herramientas vamos a apalancar de nuevo a esta sociedad para recuperar al máximo número de activos que son las personas y de entre estas a aquellas que ya estaban incluidas en lo que definimos como de riesgo social. Aproximando una primera conclusión es la de que el capitalismo liberal ha tenido gran protagonismo en esta situación, por haber desarrollado una mal entendida globalización. Ha conseguido colocar a millones de personas en una carrera infinita para alcanzar unos objetivos inalcanzables, y consumiendo muy por encima de las posibilidades particulares y colocando a la humanidad en una deuda con el planeta que, ahora, se está cobrando dicha deuda.

En esta crisis estamos comprobando como la ciudadanía es capaz de asumir un reto impensable, sobre todo en nuestra zona mediterránea, como es un confinamiento en nuestras viviendas, mientras un ejercito de profesionales y voluntarios, están arriesgándose con su vida y la de sus familias, para que podamos cubrir nuestras necesidades más elementales para resistir y para salvar el mayor número de vidas posibles. Estamos viendo como aparecen valores dormidos como la solidaridad, la cooperación, el cuidado del otro, la prevención colectiva, y todos ellos poniéndolos en línea con el objetivo del bien común. Todos los ciudadanos tendremos una deuda permanente con esta legión de profesionales y de voluntarios.

Como respuesta a esta deuda, ¿no sería oportuno empezar a plantearnos, todos, que cuando se reinicie toda la actividad económica y social, parte de esta no se traslade hacia una gestión más colectiva, más solidaria, más de acuerdo con un nuevo modelo social de entender las relaciones en el trabajo, con más equilibrio con el medio ambiente, con más equidad y con una auténtica disminución de la exclusión social, en definitiva, unas relaciones de más cooperación y de menos competencia?

 

 

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